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INFORME CRISIS BANCARIA
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1 de enero de 2007
El derrumbe económico de 2002 produjo un fuerte impacto negativo en la banca. Un impacto financiero, institucional y de vínculo con la sociedad. Inicialmente el gobierno de Duhalde utilizó a los bancos como chivos expiatorios de la crisis, motorizando la furia de los depositantes contra las entidades. Desde el punto de vista financiero, a pesar de las restricciones para el retiro de depósitos, en los primeros siete meses del año pasado salieron del sistema más de 22 mil millones de pesos. Desde el punto de vista institucional, la evidencia que el sistema se había achicado y que las pérdidas serían significativas llevó a algunos bancos extranjeros a dejar de operar en el país, como el ScotiaBank y el Credit Agricole.
Además, en un hecho sin antecedentes en la Argentina, los bancos debieron modificar su arquitectura y fortificarse con persianas metálicas para evitar que los "caceroleros" terminaran destruyendo las sucursales.La imagen pública de los bancos y de los banqueros cayó en picada, con un mayor impacto en las entidades de capitales internacionales. Sin embargo, a partir del segundo semestre del año pasado, se comenzó a advertir una recomposición de los depósitos.
El gobierno, además, modificó su discurso inicial en contra de la denominada "patria financiera" y a través de la emisión de bonos terminó compensando parcialmente a los bancos por la desastrosa pesificación asimétrica.
La desaparición del corralito y la anunciada apertura del corralón, con la devolución de los depósitos han creado un nuevo escenario de estabilidad. Pero los bancos afrontan como desafío reconstruir su vínculo con la sociedad y reconstruir el sistema crediticio, algo que no podrán hacer institucionalmente sin el apoyo del poder político, legislativo y judicial.