Suscríbase y reciba gratis nuestro newsletter y alertas de noticias en su casilla de e-mail
ENTREVISTA EXCLUSIVA
Manuel Mora y Araujo
El analista político y social dijo en Pool Económico que la imagen de la presidenta Cristina Fernández bajó, aunque no tanto como se estima, debido al conflicto con el campo y la inflación. Advirtió, además, que la dirigencia 'no política' y la oposición, no ocupan el papel que les corresponde.
22 de mayo de 2008
Pool Económico entrevistó en forma exclusiva a Manuel Mora y Araujo, sociólogo y director de la consultora Mora y Araujo & Asociados. El reconocido analista político recorrió todos los aspectos de la convulsionada situación actual por la que atraviesa la Argentina en los planos político, económico y social.
“No hay problemas institucionales especiales, más allá de los que siempre tiene la Argentina -comenzó Mora y Araujo-. Lo que hay es un problema político y social por el conflicto del campo. Esto tiene, por supuesto, algunas consecuencias en el plano económico. Todavía no podemos medir el impacto, pero creo que vendrá sobre el nivel de producción, las exportaciones -y por lo tanto los ingresos del fisco-, y el consumo en los hogares. Este país ya lo vivó: se pasa rápidamente de grandes euforia a grandes temores, y esa es la sensación térmica actual en la calle”, dijo el analista aunque señaló que para él, ese temor es exagerado.
Imagen. El titular de la consultora Mora y Araujo dijo en Pool lo que dicen casi todos los analistas políticos: qua la imagen de la presidenta Cristina Fernández bajó. Pero hizo una salvedad que resultó interesante: “Bajó, pero no tanto como algunos dicen. Los medios, que advierten que la baja es altísima, no publican las encuestan de las que hablan. Yo nunca las vi”. De cualquier manera, al sociólogo no le resulta tan importante saber cuánto cayó sino saber cuánto es recuperable, si es que lo es en alguna medida.
Una diferencia sustancial entre los gobiernos de Néstor Kirchner y los anteriores fue el estado de ánimo de la sociedad. Recordemos que la segunda presidencia de Menem, la truncada de De la Rúa y la efímera de Duhalde transcurrieron en niveles muy altos de pesimismo. En cambio, la presidencia de Kirchner se sucedió en niveles de mucho optimismo. “A eso yo llamo gran capital político -reconoció Mora y Araujo-. Cualquier gobierno daría lo que fuera para tenerlo, porque genera confianza, realimenta las decisiones del gobierno y contribuye a que la economía tome buen ritmo de actividad. Este optimismo está disminuyendo significativamente, pero no desapareció”, reveló.
¿Y qué hizo que la imagen presidencial cayera? Para el consultor, el conflicto con el campo y la inflación.
“En cuanto al problema con el campo, hay que señalar tres cosas. En primer lugar, el modo confrontativo de la presidenta para abordarlo. En segundo, sus discurso. Algunas de las cosas que Cristina dice la gente no las cree. Por ejemplo, eso de que le saca al campo para redistribuir la riqueza. La sociedad no cree que esto se vaya a ver de forma tangible en mejores hospitales o escuelas públicas. Yo creo que hay redistribución porque la economía está en actividad y, en consecuencia, hay más trabajo. Pero esto no se percibe mucho; el discurso no lo expresa bien. En tercer y último lugar, así como dijimos que el optimismo era un capital político de Kirchner, también lo era la confianza -muy difundida en la sociedad- en que el gobierno resolvía los problemas. En este caso no se está resolviendo. La estrategia de tensar las cuerdas para desgastar al otro y después resolver no se está aplicando”, detalló.
La inflación, por otra parte, contribuyó tanto o más que lo del campo en la caída de la imagen presidencial, según el sociólogo: “Lo que dice el gobierno no es creíble (la gente entiende que hay más inflación de la que se publica oficialmente), y además parece que no le acierta a las medidas necesarias para controlarla”, remató.
Tres tercios. En sus análisis, la consultora Mora y Araujo divide la sociedad argentina en tres tercios. El titular de la firma describió cada uno de ellos y analizó la relación que tienen con el gobierno.
- Primer tercio: “Personas con niveles altos de productividad en su trabajo. Están en la economía formal, tienen sueldo, son profesionales, directivos, etc. A este sector, por un lado, en los últimos años le fue muy bien económicamente. Ganó plata. Por otro lado, nunca le gustó este gobierno, porque tiene otras demandas institucionales y preferencias políticas distintas. Algunos son de centro derecha y otros de centro izquierda, pero prefieren un gobierno que esté dentro de un marco institucional muy estricto, no le gusta el personalismo ni el estilo peronista”.
- Segundo tercio: “También clase media, pero con expectativas realmente distintas. Percibe que cuando hay una apertura muy grande de la economía a él le va mal. Piensa que un aumento de la inversión extranjera no es tan bueno, que la plata se la van a llevar afuera y que, encima, le van a venir con reglas de competitividad y esas cosas. Está pendiente de lo que el Estado va a darle, de cómo va a protegerlo de un mundo muy duro. Aquí hay mucho empleo público. Fue el primer beneficiario de las políticas del gobierno. Kirchner ofreció estabilidad laboral y precios controlados, aunque no grandes aumentos de sueldos, y este tercio compró. Pero en el último año del mandato de Néstor se alejó un poco, básicamente por la inflación y porque las demandas de mejoras en el nivel de vida aumentaron”.
Esto último, según Mora y Araujo, se dio porque la economía venía a todo vapor. “El kirchnerismo aquí perdió muchos votos”, remató.
- Tercer tercio: “Gente pobre, muy pobre, o extremadamente pobre. O sea, la Argentina de la pobreza. Este sector tiene muchas menos demandas y expectativas, básicamente no morir de hambre. Cada vez que hay crisis se va a la lona. Estuvo, hasta ahora, satisfecho con el gobierno porque le dio relativa estabilidad de precios y altísimas oportunidades de trabajo. Antes no trabajaba y ahora sí. Eso es un cambio radical. Esta franja, que no votó a Kirchner en 2003 (sino a Menem) pasó a ser kirchnerista a ultranza y votó a Cristina. El punto es que a ellos, los problemas como el del campo no les afectan. Acá, la imagen de Cristina no bajó tanto”.
Contrapeso. Manuel Mora y Araujo habló, por último, de dos cuestiones que hacen al necesario y natural balanceo de cualquier gobierno: la dirigencia no política y la oposición.
“Nos falta una clase dirigente que se sienta parte y busque consenso. Generalmente la crítica se dirige a los políticos, pero mi punto es que la clase política tiene mucho que ver con la calida de la clase dirigente. Cuando empresarios, intelectuales, científicos, sindicalistas (toda la dirigencia) se desentienden de los asuntos de la sociedad y sólo miran los suyos, entonces la política no tiene rumbo y depende de los votos. No tenemos una dirigencia empresarial ni sindical que esté comprometida a largo plazo con el país”, denunció a sabiendas de que puede caer algo antipático.
En cuanto a la oposición, se mostró sorprendido: “En cualquier país del mundo, a la vez que un gobierno pierde imagen, la de alguien más, en la misma medida, estaría subiendo. Acá no surge absolutamente nadie. Algo malo pasa”.
Cualquiera podría pensar que si a Cristina la votó el 45 por ciento de los votantes, el restante 55 es un espacio para los opositores; sin embargo ninguno pasó más allá del 20. “La gente ve a la oposición como la oportunidad de tener a alguien más a quien votar cuando se canse del gobierno actual. Pero esa no es la función de la oposición, sino ser el balance permanente del gobierno, aunque no vaya a ganar. Eso lo hemos perdido”, se apenó.
Hay que decirlo: las crisis a veces producen dirigentes. Hoy, con la del campo, muchos gobernadores podrían ser imaginados como los dirigentes que van a surgir. “Y sin embargo, todavía ninguno ha logrado proyectarse fuera de su provincia. Ni Macri, que es el que mejor viene”, finalizó el analista.