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El COSTO HUMANO Y ECONOMICO DE LOS ACCIDENTES DE TRANSITO
Francisco Astelarra, presidente de la Asociación de Compañías de Seguros, dijo que "además de los números de accidentes, muertos y lesionados, hay que tomar conciencia del enorme costo social de los accidentes, que va desde la pérdida de vidas humanas hasta la pérdida de valor en los bienes".
1 de enero de 2007
En los últimos 15 años, las deficiencias en la infraestructura vial del país, la falta de educación vial y, fundamentalmente, la falta de control y penalización, dispararon las estadísticas de muertos y lesionados en accidentes de tránsito. Por supuesto, con su consecuente impacto, no sólo en términos humanos, sino también económicos.
Acompañando la fuerte reactivación económica, la cantidad de muertos y lesionados en accidentes de tránsito en la Argentina viene en suba en los últimos cinco años. Así lo confirman estadísticas de las compañías de seguros y de organizaciones no gubernamentales.
La problemática viene siendo denunciada tanto por el sector asegurador como por todas las entidades vinculadas al tema. Sin embargo, todavía no hay una respuesta oficial coordinada a nivel nacional.
Para analizar la situación, Pool Económico convocó a Francisco Astelarra, presidente de la Asociación de Compañías de Seguros, y a Marcelo Aiello, gerente de Relaciones Institucionales de CESVI Argentina.
"Además de enfocarse en el número de accidentes, muertos y lesionados –comenzó Astelarra–, lo importante es que la gente tome conciencia del enorme costo social que estamos teniendo los argentinos con los accidentes de tránsito. Va desde la pérdida de vidas humanas hasta la pérdida de valor en los bienes. Gran parte de este costo se traslada al sistema de salud y son recursos que podrían destinarse a otros fines sociales", dijo.
Según un estudio específico del CESVI, en más del 80 por ciento de los accidentes analizados, la ruta estaba seca (no había aceite, por ejemplo) y eran rectas (no curvas). "Hay un factor humano que, en el 90 por ciento de los casos, es el desencadenante del accidente –explicó Aiello–. Hay un problema grave de concientización social sobre las consecuencias de los accidentes (humanas y económicas). Según la Organización Mundial de la Salud, el 10 por ciento de las camas de los hospitales públicos están ocupadas por accidentados en tránsito. Estas son cifras globales, pero está incluida la Argentina. Repito que la causa está dada básicamente en la falta de concientización de la gente sobre temas como pasos inseguros, excesos de velocidad, distancia de seguimiento inadecuada, falsa confianza de todos los conductores, la información previa cuando nos insertamos en el parque automotor. Según estadísticas que nosotros manejamos, en más del 65 por ciento de los casos la gente aprende a manejar a través de lo que le pueda trasmitir el padre o el tío. La gente aprende a manejar en la practica y, peor aún, absorbiendo los defectos y errores de la persona que le enseñó. En países desarrollados no se puede sacar la licencia si no se acreditan cursos hechos en academias reconocidas, con lo cual la persona que se está involucrando en el parque automotor tiene una información previa bastante importante", comparó Aiello.
Astelarra agregó que, más allá de la importancia del control que debe aplicar el Estado, a los argentinos nos encanta transferir nuestras responsabilidades: "Sin dejar de reconocer la importancia que tiene el Estado en hacer cumplir las normas y aplicar sanciones a los infractores, somos los argentinos quienes hoy debemos aportar un enorme esfuerzo para bajar este número de accidentes. Y es muy fácil: debemos cumplir las normas. Los legisladores, cuando establecen normas, las piensan en función de nuestro beneficio. Si hay normas de velocidad, no es porque a un legislador se le ocurrió, sino que está protegiendo mi vida. De esto debemos tomar conciencia los argentinos. Debemos cumplir las normas de tránsito, con los limites de velocidad", dijo.
Aiello sumó una situación desfavorable más: "No sólo no hay penalización, control, educación conveniente e información, sino que además tampoco hay ejemplo. Sólo el 2 por ciento de los policías que van en patrullero usan cinturón de seguridad. Muchos de los vehículos oficiales tienen vidrios polarizados o no tienen la patente. El esfuerzo debe ser en conjunto para poder brindar una solución concreta. En conjunto y multisectorial. El Estado no puede ser el único que nos controle y guíe. Tenemos que madurar como pueblo", propuso para finalizar el gerente de Relaciones Institucionales de CESVI Argentina.